Historias de mujeres... las de pasiones elementales, y las otras!

Historias de mujeres que sufrimos y soportamos a otras mujeres

sábado, 24 de julio de 2010

La palabra

El arma más poderosa que posee una mujer, y que rara vez los hombres tienen la posibilidad de usar con la misma destreza, es la palabra. La lengua.
Las mujeres somos capaces de herir profunda e inolvidablemente sólo con un puñado de palabras bien escogidas. Además, tenemos también la capacidad de impotentizar a los hombres con sólo desconocer el lugar que ocupan en el juego de los sexos, en los roles familiares, en la vida.
¿Cuántas veces nos hemos callado para no herir los sentimientos más nobles de una persona? ¿Y cuántas otras veces hablamos de más sólo para hacerle saber al otro lo insignificante que resulta para nosotros en ese momento?
El problema más grave es que, a veces, es más difícil volver de una palabra inadecuada que de un golpe desgraciado. Obviamente, esto no es apología de la violencia física: sí es un llamado de atención sobre la violencia verbal.
Pienso que, si algunas mujeres aprendieran a utilizar el don de la palabra, serían más precisas a la hora de herir, si es eso lo que buscan. Pero quizás también más cuidadosas de aquello que quieren preservar, cuando es realmente eso lo que necesitan.