Historias de mujeres... las de pasiones elementales, y las otras!

Historias de mujeres que sufrimos y soportamos a otras mujeres

martes, 12 de enero de 2010

Un hijo

Las mujeres de pasiones elementales son aquellas que piensan que un hijo es algo propio. Propio en el sentido de "propiedad". Piensan que es suyo, sólo suyo. No pueden pensar que, para que ese hijo exista, fue necesario un hombre. Desde el momento mismo en que ese niño comienza a moverse en su vientre - y a veces antes - ellas suponen que ese hijo les pertenece. Las completa. Se sienten plenas. Y realizan plenamente el sentido de la estupidez femenina. Convierten a los hombres en meros apéndices de sus necesidades y, a sus hijos, en objetos eróticos encubiertos, de los que gozan de modo obsceno pero tolerado socialmente. Piensan, además, que pueden decidir todo solas acerca de la vida presente y futura de esas pobres criaturas. Para peor, en general son apoyadas por madres igual de elementales, que les dan la razón en todo, y que se han encargado en su momento de hacer saber al mundo que sus hijos eran sólo de ellas. Los hombres, por otra parte, no siempre logran romper con eso. A veces por comodidad, muchas veces por incapacidad. Y entonces las mujeres gozan sin parar de esos pobres hijos. Estas mujeres, si estuvieran frente al dilema de Solón, preferirían quedarse con la mitad de su hijo muerto, y no con la satisfacción de verlo vivo a pesar del dolor de presenciar también su partida. Lo peor es que andan por el mundo predicando estupideces que ellas creen verdades, acerca de la maternidad "bien entendida", de la inutilidad de los hombres - que ellas colocan en ese lugar, sin duda, del que no todos pueden salir además - y de la dicha de ser mujeres, aunque en el fondo estén deseando a un falo como el agua en un desierto. Por supuesto, son ellas las que, cuando se separan, intentan hacerle la vida imposible al pobre infeliz que alguna vez las acompañó. Dicen hacer cosas en nombre de sus hijos pero sólo piden por ellas. REclaman cada centavo como si con eso se resarciera algo de su despecho por el abandono. Olvidan el significado de la dignidad y el orgullo, si es que alguna vez tuvieron aunque sea un atisbo de ambos. Quieren darse la gran vida a costa de la billetera adelgazada de sus ex maridos. Hacen valer sus derechos de "la madre de tus hijos" como si fuera lo único en el mundo (y para ellas lo es, es lo único que les queda...). Olvidan también sus principios feministas y, sobre todo, el sentido de la vergüenza. Esas mujeres denostan al género. Y lo peor es que la mayoría les da la razón. Hasta las retrógradas leyes y jueces de este país, que todavía siguen pensando a través de perimidios principios iusnaturalistas, según los cuales la madre es quien debe estar con su hijo. Como si los derechos afectivos no existieran.